Kapuscinski, la voz de las minorías

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El periodista Ryszard Kapuscinski presumía de no haber realizado nunca una entrevista. Pero a él le encantaba que lo entrevistaran. Una conducta contradictoria en una profesión donde las fuentes son una pieza fundamental en el desarrollo de la actividad. El siglo XX y el periodismo le han convertido en un icono para millones de lectores. El mito que reveló al mundo con su mirada. “Cuando todo está tranquilo, me duermo”, afirmó Kapuscinski, quien fue testigo de más de una treintena de revoluciones mundiales.

14/06/05 S/N Imagen Digital.

El periodista Ryszard Kapuscinski

Su verdadera arma fue la empatía, capacidad que, según Kapuscinski, constituye la amabilidad. Era un experto en respetar al prójimo, divisaba la realidad a la misma altura que los protagonistas de los escenarios, donde encontraba su objetivo: encontrar noticias propias. Este modus operandi le sirvió para dotar sus crónicas con la naturaleza innata de los verdaderos gurús del periodismo. Sostenía que la praxis periodística exige un compromiso con los más débiles; que los medios de comunicación no pueden obviar a los pobres, quienes “constituyen el 80 por ciento de este planeta”. Por ello, los medios tienen la responsabilidad social de dar un paso hacia adelante para introducir cuestiones y pensamientos presentes en la sociedad.

La vida profesional de este periodista laureado se desarrolló, en gran medida, en África. Los asuntos políticos del país lo convertían en un enclave atípico donde Kapuscinski quiso informar de primera mano. Así, y junto a la falta de recursos económicos del medio donde trabajaba, se convirtió en el único corresponsal de cubrir todo el país africano.

En los momentos de flaqueza, supo quedarse con el lado positivo. La inquietud y curiosidad fueron sus grandes aliados durante la enfermedad de lepra que sufrió en una de sus expediciones laborales. Fue una gran lección de supervivencia. Aunque el verdadero significado vino de la mano de aquellos que estaban ingresados en el mismo hospital donde el periodista se recuperó, un centro de bajos recursos donde acudían quienes no podían costearse una sanidad digna.

Este genio de la información inventó el savoir faire. Supo darle personalidad a sus crónicas, apoyándose de las cualidades que le caracterizan: la constancia y el rigor. Creó su seña de identidad, el patrón que, a día de hoy, continúa presente en las aulas, donde su historia aspira a convertirse en materia obligada para los estudiantes de Periodismo.

escritor

“Los cinco sentidos del periodista”

Fue docente en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, donde los talleres que impartió le sirvieron como fuente de inspiración para recoger en su obra “Los cinco sentidos del periodista” (estar, ver, oír, compartir y pensar) los principios básicos de esta disciplina. El novelista García Márquez, creador de la institución, aseguró que Kapuscinski fue “el periodista más grande del siglo XX”. Pensamiento compartido por otros ilustres de las letras. Sus obras se han traducido a más de 45 idiomas. Quienes leen sus libros no arquean sus cejas desde el principio hasta el fin.

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La biógrafa Beata Nowacka

La célebre frase, “la vida tiene que requerir esfuerzo”, del mítico periodista fue pronunciada por su biógrafa Beata Nowacka, durante la conferencia centrada en la vida y obra del periodista, historiador y ensayista polaco fallecido en el año 2007 que ofreció a los alumnos de Periodismo de la Universidad Miguel Hernández. Según ella, Kapuscinski “confiaba en que el espectador debería tener la suficiente capacidad crítica para establecer sus propias conclusiones sin que haga falta que lo manipule nadie”, puesto que los medios actuales se centran en temas ruidosos siendo él un rehusado del denominado ‘periodismo de paracaídas’.

Una panorámica de Kapuscinsky

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La UMH vuelve a demostrar su compromiso con la figura de Kapuscinsky invitando a Beata Nowacka, una de sus biógrafas más conocidas, a dar una charla sobre la figura del famoso reportero.
En la conferencia, que ha tenido lugar este 21 de noviembre, Nowacka consigue esbozar para los asistentes una panorámica del autor presentando su figura desde varios perfiles.
Más de cincuenta premios internacionales avalan la trayectoria del periodista polaco, pero a veces la profesión de un hombre llega a eclipsar otras facetas de su persona no menos interesantes.

Beata NowacKa durante su intervención

Beata NowacKa durante su intervención

La primera faceta que destaca la biógrafa es la de un hombre que convierte el periodismo en literatura. Hay quien dice que esta es una ardua tarea si no se es un gran escritor, un avezado alquimista de la palabra. Sin embargo, esta es la segunda faceta que destaca la profesora Nowacka. Como muestra de este dominio, cita “El emperador”, libro en el que kapuscinsky narra la revolución que expulsa a Haile Selassie de Etiopía. Quizás no sea extraño que historia, periodismo y literatura diluyan sus fronteras en esta composición: Kapuscinsky era historiador, si bien como apunta Nowacka “fue un historiador atípico porque no le interesaba examinar el pasado, sino vivir el presente, estar en medio de la Historia”. Pero para ser un testigo privilegiado de la historia, tal vez no sea suficiente con ser un historiador atípico, también se necesita ser un periodística atípico, un hombre atípico. Este desmarque de lo común lo muestra el autor en “La piel del reportero” donde cuenta cómo la revolución iraní fue encomendada a otro compañero suyo de redacción. Sin embargo, éste estaba angustiado ante su nuevo destino. Kapuscinsky se ofreció ante el jefe para sustituir al compañero. De esta experiencia se nutrirá para escribir “El emperador”, uno de los libros del autor recomendado por Nowacka. La biógrafa también recomienda “La guerra del fútbol”, donde narra cómo sorteando diferentes puestos de control para llegar a su destino es brutalmente golpeado e incluso rociado con benzina por rebeldes nigerianos.

y otros reportajes

La guerra del fútbol y otros reportajes

A pesar de todo esto, el Kapuscinsky poeta escribió en uno de sus versos “la vida surge al penetrar en la profundidad”, utilizando como metáfora de la vida las raíces de los árboles: en la superficie mueren, pero en lo profundo de la tierra viven.
En su cuarta faceta, la de fotógrafo, quizás no tan conocida como algunas de las anteriores, también se puede palpar su sed de contar, de mostrar, de compartir. “En un país herido, lleno de negritud como es África” -explica Beata- fijó su objetivo.
De esa Africa sumida en la pobreza, que colecciona involuntariamente cicatrizes, Kapuscinsky nos acerca a imágenes de sus niños-soldados, sus árboles milenarios bajo cuya copa tienen lugar las reuniones sociales, o sus colinas ,testigos mudos e impotentes, como tanta parte de su población.

Niños-Soldados de África.

Niños-Soldados de África

El polaco insistió en la empatía, como elemento indispensable para la profesión de periodista; si no tienes gente dispuesta a colaborar, no tienes información, materia prima indispensable en esta profesión. De esta empatía desarrollada por el reportero quizás surja la última faceta de la que habla Beata: Kapuscinsky como intérprete de otras culturas. “Yo estoy aquí para contar cómo vive esta gente, quiero ser la voz de los que no tienen voz” había expresado en alguna ocasión el reportero. Un traductor, a fin de cuentas, es el que transmite algo que otro no puede expresar.
Gracias a la intervención de Beata profundizamos en perfiles desconocidos de Kapuscinsky: el alquimista que convierte el periodismo en literatura, el escritor que derriba de un soplido las fronteras de los géneros, el poeta de carne y tinta, el atrapa-instantes, el diccionario traductor de culturas. Muchas facetas y un único hombre, o un hombre único: Ryszard Kapuscinsky.