Kapuscinski: “Me describo como intérprete de otras culturas”

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El periodista del siglo XX afirma que los medios de comunicación se centran en cosas ruidosas como el terrorismo o la globalización.

Ryszard Kapuscinski logró romper el siglo oscuro del mundo de la comunicación convirtiéndose en el periodista con más prestigio del S.XX. La esencia hace la diferencia, y lo que le caracteriza es que quería ser testigo de lo que pasaba en el presente para transmitirlo a todo el mundo, no conocer el pasado. Se describe como un “intérprete de otras culturas”.

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Los alumnos de Periodismo de la UMH fotografiando a Beata Nowacka

Los alumnos de Periodismo de la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH) tuvieron el pasado viernes, 23 de noviembre de 2012, la oportunidad de conocer en profundidad a Ryszard Kapuscinski gracias a la charla cedida por la biógrafa Beata Nowacka. Transmitió a los estudiantes las grandes andaduras del periodista para ser un referente en esta profesión. Contó que fue condenado a muerte cuatro veces y que tuvo que luchar mucho entre la pobreza y arriesgar su propia vida para hacer realidad su sueño.

Destacó las diferentes perspectivas características de Kapuscinski como periodista, escritor, poeta o fotógrafo. Durante el ejercicio de su profesión, aclaró que su objetivo no era ganar dinero sino perseguir “cosas verdaderamente importantes que interesan que las conozca todo el mundo, un fin más que ser periodista”, afirmó su biógrafa. Para ello decidió trasladar se de forma independiente a países exóticos en cuanto a régimen político, por 52 naciones del continente africano. Allí desarrolló su habilidad como fotógrafo para transmitir “la dignidad de las personas de África” según Kapuscinski, que se describe “como intérprete de otras culturas”.

Rychard Kapuscinski

Rychard Kapuscinski

El reportero, escritor e intérprete de diferentes culturas, ha escrito varios libros que se tradujeron en 45 idiomas diferentes. La biógrafa Beata Nowacka habló sobre sus más destacados como es el caso de ‘El Emperador’ o la obra ‘Lapidaria’.

En el primero plasma la historia sobre la decadencia de cualquier poder, allí desarrolló su faceta como escritor. En el segundo, habla sobre la vocación de ser periodista y afirma que quiere “ser la voz de los que no la tienen, sobre todo en lugares donde no hay medios”. Además, pincela que los ciudadanos no se deben creer todo lo que dicen los medios de comunicación puesto que “muchos contenidos actuales no están realizados por periodistas sino por trabajadores de medios”. Ryszard Kapuscinski relaciona estas palabras con que “los medios de comunicación se centran en cosas ruidosas” y que la profesión debe ser “una misión para contar el presente”.

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Las claves de un periodista con fuerza

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“El periodismo no es un trabajo, es una vocación”. Con estas palabras dio comienzo el pasado 21 de noviembre la conferencia que impartió Beata Nowacka a los alumnos de la titulación de Periodismo de la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH) sobre la vida y obra periodística de Ryszard Kapuscinski. Nowacka, que es una de las biógrafas más reconocidas a nivel internacional por sus investigaciones sobre el escritor polaco, quiso mostrar el lado más humano del gurú del periodismo moderno. Kapuscinski veía el periodismo como “una misión”. Así, Beata Nowacka, certificó que la misión de Kapuscinski era “ser la voz de los que no tienen voz”, ya que se exponía como una persona ligada a los más desfavorecidos.

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Su periodismo humano y de calidad le llevó al  periodista, escritor, y ensayista polaco a hacer de su vida una aventura en la que tuvo de frente numerosas veces a la muerte, tal y como narraba Beata Nowacka. Ganador de más de 50 premios internacionales, Ryszard Kapuscinski, vivió la aventura de la profesión periodística de primera mano (se trasladó a África donde cubrió 52 naciones de forma independiente) y afirmaba que hay que convivir con los protagonistas de la noticia expresando que “la experiencia de vivir con personas diferentes es lo que forma la empatía y construye el verdadero espíritu humano”, declarándose contrario a la forma de actuar de los periodistas del siglo XXI cuya profesión se rige por la inmediatez, ir al lugar de los acontecimientos, grabar e irse sin adentrarse en el meollo de la noticia, sin conocer la realidad de las historias. Un periodismo muy alejado del periodismo del que Kapuscinski era defensor, basado en empatizar con los actores e implicarse en el tema, por lo que “el periodismo verdadero  debe mostrar interés real por la gente”.

En definitiva un periodista tiene que tener fuerza y no querer contentar a los jefes y a la audiencia, sino hacer un trabajo previo de documentación en el que se muestre también el aspecto humano de esas historias. “El periodista tiene que ser ante todo buena persona”.