Érase una vez…

Personaje de Stephen Glass en la película El precio de la Verdad

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Un periodista siempre debe intentar contar la verdad y cuando la falsea, total o parcialmente, está atentando gravemente contra los cimientos del oficio. Han sido muchos los casos de profesionales de la información que han mentido a su audiencia; hay quien los entiende y los justifica por la presión a la que estos periodistas se ven sometidos y hay quien, considerando escandalosa su actuación, no encuentra justificación ninguna para que hayan mentido deliberadamente a la audiencia.  En periodismo, la honestidad no es una opción, es una obligación. Es una de las características que debe tener un periodista para ser considerado como tal, si no, será un fabulador, un montajista, un vendedor de humo…, pero nunca un periodista.

Shattered glass

El precio de la verdad es una película basada en la historia real de Stephen Glass, un joven reportero de  The New Republic, revista política estadounidense. La publicación nacida en 1914 era una de las más prestigiosas en 1998, fecha en la  que se descubre que el protagonista inventaba parte de sus artículos y tiene lugar su estrepitosa caida del olimpo periodístico.

Conclusión 1: el verdadero periodista sí ha de permitir que la realidad le estropee una buena historia.

Glass había conseguido ascender vertiginosamente en su carrera: además de ser el redactor más joven de The New Republic, colaboraba en otras importantes publicaciones. Esta escalada había sido posible gracias a su carismática personalidad, con la que logró granjearse la confianza de la redacción y a una desbordante imaginación que usó para inventar 21 de sus 47 artículos , convirtiéndose en uno de los mayores fraudes periodísticos.

Conclusión 2: el prestigio de un medio o de sus colaboradores puede ser tal , que se tome por cierta cualquier información en él publicada.

La película muestra claramente la enorme influencia que pueden ejercer los medios de comunicación; por ejemplo, en la película vemos como The new republic se jacta de ser el único medio que viaja a bordo del Air Force One, lo que significa que el presidente de los Estados Unidos lo lee y que ,algo de lo que pone en sus páginas, lo puede de algún modo influir. Esta influencia está dotando de un poder al periodista, quien debe saber utilizarlo en beneficio de la comunidad, usarlo con responsabilidad  y honorabilidad, nunca irresponsablemente ni mintiendo. Pero cuando un periodista miente, ¿de quien es la culpa? ¿única y exclusivamente suya, o de todos aquellos que supervisan su trabajo y no se dan cuenta?

Del bloc de notas a la imprenta:

En la película, el protagonista nos cuenta el proceso que debe superar un artículo antes de ser publicado:

” Es una prueba de fuego que dura tres días,  y que incorporó Michael kelly, en la que si el artículo es bueno, el proceso lo mejora: cuando llega un escrito, va a parar a un redactor que lo edita en el ordenador y llama al autor para que haga sus revisiones, pasa a un segundo redactor y el autor lo vuelve a revisar. Luego, se verifica para que todos los datos del artículo (fechas, títulos, lugares y aseveraciones se comprueben y corroboren). Después pasa a un corrector que lo examina una vez más. A continuación, pasa a los abogados que aplican sus propios baremos. El director también le echa un vistazo, pues le preocupa cualquier  comentario que haga la publicación. El artículo pasa a maquetación, donde se diseña el ancho de las columnas y el tipo de letra. Se imprime, vuelve al autor, al corrector, al primer redactor, al segundo redactor, al revisor de datos, otra vez al autor, de nuevo a maquetación, vuelve a pasar de nuevo por los abogados para la detección de cualquier posible error o dato no corroborado, se imprime y se vuelve a repetir el proceso en el que todos lo repasan por última vez”.

Conclusión 3: la enorme dificultad para detectar la falsedad de una información a pesar de los férreos controles por la que ésta pasa.

Parece imposible que en este recorrido se pueda colar un artículo falso, sin embargo esto es posible porque según indica el protagonista: “El sistema de comprobación tiene un defecto: los datos de muchos artículos se comprueban mediante alguna clase de fuente pero,en algunos casos, las únicas fuentes disponibles son las anotaciones que el propio reportero suministra”.

Conclusión 4: la posibilidad de que alguna de la información que hayamos leído haya sido inventada total o parcialmente.

Fraude al descubierto

La edición online de la revista Forbes fue quien desenmascaró al joven reportero. Penenberg elaboró el artículo Lies, damn lies and fiction en el que narra cómo comenzó a sospechar de El paraiso de los hacker, artículo firmado por Glass. En él contaba la historia de un joven hacker de 15 años que había accedido a la base de datos de la empresa Jukt Micronics y ésta, en lugar de denunciarlo decide contratarlo como asesor de seguridad en la red. Penenberg comprobó en todos los motores de búsqueda que la empresa carecía de web, y que no existía pues no había constancia de que hubieran solicitado licencia, pagado impuestos o realizado cualquier gestión típica de empresa. Obviamente, esto fue un éxito para el periodismo digital: Forbes apenas llevaba un año en la red y descubría un gran fraude periodístico.

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Artículo con el que Forbes desenmasacara a Glass, su autor.

Conclusión 5: la objetividad es difícil, pero podemos usar un método que sea lo más objetivo posible.

Podemos observar que rigor, verificación y buen periodismo no tienen por qué ser sinónimos de medios tradicionales:
En este caso, tanto Penenberg como Foroohar se han podido defender de la tradicional crítica que asocia el “mal periodismo” al que se hace  en Internet.  En España tenemos el caso de cómo El mundo de Catalunya cubre excelemente en la web el ataque del 11-S (Explicado detalladamente en el libro Newpaper de A. Montagut). Por tanto, buen periodismo solo es sinónimo de buenos periodistas y no del medio en el que se trabaje.

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