La Marea gris de Toni Martínez

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La vida, aunque pueda resultar un tópico, es como una montaña rusa. No importa si es arriba o abajo, lo sabido es que nunca hay que detenerse porque la lucha siempre sigue en pie. El bagaje intensifica la personalidad y los errores sirven de lección, por ello cuanto más dolor, más fuerza; cuanta más traición, más inteligencia; y cuanta más desilusión, más habilidad. Y a pesar de que está permitido caer de rodillas es obligatorio levantarse porque cada experiencia crea la leyenda del gladiador.

El pasado 28 de febrero de 2012 el empresario Jaime Roures bajó la persiana del periódico que montó a la sombra de Rodríguez Zapatero para darle un medio alternativo a “El País”. “Cuando cerró Público pensábamos que se acababa el mundo”, confesó Toni Martínez, periodista despedido por el ERE que dejó en la calle a 134 de los 160 trabajadores que formaban la plantilla del diario. Ahora se muestra ilusionado con La Marea, un proyecto periodístico formado por una decena de extrabajadores de Público que “apuesta por el periodismo de investigación y el análisis”, afirmó en un encuentro que mantuvo el pasado 10 de abril con los estudiantes de Periodismo de la Universidad Miguel Hernández.

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El periodista Toni Martínez en la UMH

Dice un refrán popular que “tras la tempestad llega la calma”, y en el caso de Público tiene cierto sentido: la polvareda que hace unos meses levantó su adiós actualmente va perdiendo fuelle. La lectura positiva del triste final es el nacimiento de ocho nuevos medios de comunicación (eldiario.es, Mongolia, Líbero, Alternativas Económicas, Materia, InfoLibre, Iberoamerica.net y La Marea), “pequeñas células que luchamos por nuestra cuenta”, apuntó Martínez, todas ellas formadas por extrabajadores de Público e integradas dentro de la cooperativa periodística MásPúblico. Y compuesta por un consejo rector, un consejo administrativo, un consejo de redacción y un consejo editorial, y supervisada por una asamblea anual (compuesta por el 50 por ciento de los socios trabajadores y el 50 por ciento de los socios usuarios –una persona paga 1.000 euros y tiene derecho a un voto–).

El movimiento cooperativo sigue ofreciendo atractivos a los grupos de trabajadores. Un punto a favor es, según los expertos, la fuerte resistencia que tiene este modelo económico para sortear los envites de la crisis. Asimismo porque la sociedad cooperativista busca la mutua ayuda y colaboración de diversas personas que realizan actividades productivas y mercantiles relacionadas entre sí, y se rige de manera demócrata. En una reciente entrevista, Juan Antonio Pedreño, presidente de la Conferencia Española de Cooperativas de Trabajo Asociado, aseguró que los jóvenes “menores de 30 años y con mucha cualificación” son el grupo que más se ha incorporado al cooperativismo y consideró “de futuro” optar por este modelo.

El proyecto Tageszeitung (TAZ), comenzó en Alemania en 1978 de la mano de jóvenes –la mayoría no eran periodistas– que militaban en movimientos pacifistas, feministas y antinucleares. Ante su falta de viabilidad provocada por los pormenores de la caída del muro de Berlín, el diario se decantó por su plan b: convertir la asociación editora en una cooperativa donde los lectores pasaran a ser editores. Fue un éxito. En cuatro meses contaban con 3.000 socios y a día de hoy la cifra supera los 12.000. Es un éxito. Tanto es así que el diario TAZ es el icono cooperativista en los medios de comunicación alemanes. Para bien o para mal, el país de Angela Merkel está de moda. Unos, ahogados por la situación económica española, están obligados a protagonizar su particular “fuga de cerebros”, mientras que otros tienen un ojo puesto en el territorio germano para captar el secreto de su saludable supervivencia. En este sentido, la cooperativa MásPúblico sigue los pasos de TAZ para convertirse en todo un referente de negocio en el periodismo español “porque es nuestro modelo a seguir”, aseguró el Toni Martínez, quien admite que “España no es Alemania”.

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Los estudiantes de Periodismo durante la visita de Toni Martínez

A diferencia de otras cabeceras como “El País”, “El Mundo” o “ABC”, entre otras, que se gestionan mayoritariamente a base de la publicidad, en La Marea la historia cambia. “En nuestro modelo de negocio la publicidad tiene un peso inferior al 15 por ciento”, dijo el reportero, puesto que las suscripciones (‘suscripción amiga’: doce números por cincuenta euros) y las ventas atesoran la supervivencia del medio.

La ideología de La Marea (libertad, defensa de lo público, memoria histórica o cultura libre, entre otras) “es nuestra carta de presentación”, afirmó Martínez, quien confesó que los movimientos sociales, como la marea negra de los mineros o la verde de educación, fueron el factor principal para la elección del nombre del periódico. En este sentido, La Marea, fiel a su propia ideología, camina pegada a la sociedad para denunciar sus problemas. “Queremos ser un medio transparente y democrático”, declaró el periodista valenciano. Y para alcanzar esta premisa siguen fieles a las bases que establecieron en su primer editorial ‘Sin miedo y sin ataduras’ donde se oponen a todo aquello que obstaculice el libre desarrollo de la profesión.

“Periodismo es para nosotros sentarnos delante del ordenador sin ningún tipo de presión política o empresarial que condicione nuestros artículos. Es por ejemplo poder publicar el nombre de un banco responsable de un desahucio sin miedo a que retire sus anuncios”

(Un fragmento de ‘Sin miedo y sin ataduras’)

A diferencia del viejo debate entre los antagónicos print–online que encamina el periodismo hacia internet (véase ‘Newpaper’ de Albert Montagut), Martínez se opone al formato digital: “Nuestros ingresos vienen ahora mismo exclusivamente del papel, creemos que el futuro está en el papel porque hay una demanda de ello”. La Marea vende mensualmente “más de 15.000 ejemplares (la tirada es de 25.000)” en kioscos de Madrid, Barcelona y Valencia, y en el resto del país mediante puntos de venta específicos. En Alicante, se puede conseguir en los kioscos David y Roque, al precio de 3 euros. “En Elche tendremos algún punto de distribución y en Alicante los ampliaremos”, auguró el reportero, quien adelantó que “vamos a preparar aplicaciones para Smartphone”.

La esencia del reportaje televisivo

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En el medio audiovisual el reportaje televisivo está sembrando prosperidad, ya que cada vez más abarca las franjas horarias. La redundancia de este género va ‘in crescendo’ en la pequeña pantalla, al mismo ritmo, la competencia es más significativa. El ingrediente primario de los reportajes televisivos es la mezcla entre sus diferentes componentes y la esencia característica que cada medio le dota de diferenciación y autenticidad. Un requisito fundamental: estar vinculado a la actualidad, es decir, a la realidad más inmediata, haciendo de lo importante y novedoso algo interesante que permita introducir al espectador en testigo de excepción. Además, debe haber un análisis profundo y de investigación con diversas fuentes que apoyen e intensifiquen la trascendencia y la credibilidad del tema que abordan.

En numerosas ocasiones, con la entrada de los nuevos formatos de reportajes televisivos como ’21 Días’ o ‘Callejeros’, se adjudica directa o indirectamente, un protagonismo excesivo a los periodistas. La principal causa se debe a la busca del sensacionalismo o entretenimiento que persiguen obsesivamente estos programas. La directora de Repor de TVE, Gemma Soriano Mas, fue una de las ponentes de las VIII Jornadas Internacionales de Periodismo de la Universidad Miguel Hernández (UMH): ‘El Reportaje Televisivo, hibridación y auge de un género’. Según Soriano, “el mejor reportaje es aquel que te entra por la piel y consigue que todos tus sentidos estén en alerta”. Destacó que el periodista no es el personaje principal de las historias sino que “las personas son las protagonistas, quienes tienen algo que contar”. Y destacó que el matiz que diferencia a Repor de otros programas se encuentra en el “lenguaje audiovisual y la forma de contar con nuestras palabras lo que vemos construyendo un discurso”. Hay un claro conflicto dentro de este género periodístico, unos apuestan por el sentido informativo y otros buscan el morbo o el amarillismo a través de la omnipresencia del periodista. “Me importa un pimiento que una reportera pase 21 días donde sea” porque un reportaje “va más allá”, apuntó Gemma.

Por otro lado, el periodista de Antena 3, Gonzalo del Prado, comunicó que estos formatos tienen ventajas como “la proximidad o la frescura” pero carecen en numerosas ocasiones de “información y análisis al convertirse un poco en superficiales”. El papel del informador es narrar de forma correcta los sucesos evitando “ganar mucho protagonismo, solo haciendo más cercano el relato al público”, apuntó del Prado. Y añadió que otro de los problemas es la calidad de los reportajes, que a pesar de que están bien valorados, “no lo están cuidados”. Esto mismo apuntó el exreportero de ‘Vidas Anónimas’ y ‘Callejeros’, José Miguel Almagro, quien señaló que “muchas veces no se informa con rigor en los medios audiovisuales por falta de tiempo”. También comentó el tema del valor añadido que tiene el entretenimiento en estos formatos, en los cuales muchas veces depende del reportero que busca más el sensacionalismo que el papel de informar, y la solución es establecer un equilibrio entre ambos. “Hay numerosos sucesos que para mí no son noticia y, sin embargo, en muchos informativos los sacan porque quieren enganchar al público, no informar”, expuso Almagro. A esta insistencia también se une la catedrática de Comunicación Audiovisual de la Universidad Politécnica de Valencia, María Eulalia Adelantado: “El reportaje ha sufrido mutaciones, se ha hibridado con el entretenimiento y ha evolucionado para adaptarse a la nueva audiencia: los jóvenes”.

Otro experto en la materia de reportajes televisivos es el periodista de TVE, Carlos del Amor, quien se define como un contador de historias. “Soy partidario de que Periodismo y Literatura se unan, aunque muchas veces se confunden”, explicó del Amor, quien considera que la esencia de un buen reportaje es “la mirada propia del periodista”, además de la necesidad de ser “autocríticos de nosotros mismos y buscar una forma original de contar las historias, pues luego aparecen en los medios las noticias del mismo modo”.

Para Bienvenido León, periodista y profesor de Producción Televisiva de la Universidad de Navarra, “informar antes que entretener, huir del sensacionalismo, pensar en el espectador o ejercer de ‘perro guardián’” son las piezas fundamentales para elaborar un reportaje de cinco estrellas. En definitiva, los profesionales de la información tienen diferentes conceptos a la hora de definir los principios básicos para crear un excelente reportaje.

Después del ERE hay vida

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Todo el mundo cree que los medios de comunicación impresos están en peligro de extinción. No cabe la menor duda después de las grandes avalanchas que han tenido los famosos ERE en las empresas de comunicación, generalmente por suspensión de pagos. 129 despidos en ‘El Pais’, 925 en ‘Telemadrid’, 20 en ‘Las Provincias’ o directamente al agujero oscuro. El fin de los fines para medios como ‘La Verdad’ de Albacete o el cierre del diario ‘Público’. Los datos no engañan, confirman que esta profesión no está pasando por uno de sus mejores momentos. Es obvio que la red ha sido un elemento cuasi destructivo en este campo pues la era digital ya lleva varios años ocupando la cima de los medios de masas.

Los buscadores se llenan de noticias de ERE en los medios

Los buscadores se llenan de noticias de ERE en los medios

A pesar de ello, hay que recalcar que es el momento para lanzar nuevos proyectos, nuevas promesas; es el turno de las jóvenes propuestas. Llega la hora de abrir el camino en el mundo de la comunicación, sorprender a los lectores y sobre todo convencerles de que no es el fin de los medios print. Han llegado tiempos de mejoras que acompañado de las nuevas tecnologías, brindan un nuevo espacio al Periodismo.

Este es el caso de profesionales como Antonio Martínez, ex periodista del diario ‘Público’. Tras el cierre de este periódico impreso, varios antiguos trabajadores, determinaron labrar sus propios pasos en la comunicación y decidieron crear una cooperativa periodística llamada ‘MásPúblico’. “Creemos en el papel y nuestros ingresos vienen por ello, nuestro papel cuenta cosas que la web no hace”, afirmó Toni Martínez en la conferencia que dio en la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH)el pasado 10 de abril a los alumnos de Periodismo. El ingrediente del papel reside en “el periodismo de análisis y de investigación”, añadió.

Primera portada del diario 'La Marea'

Primera portada del diario ‘La Marea’

“Decidimos hacer una cooperativa de socios y trabajadores, ‘MásPúblico’, y creamos el periódico impreso y online ‘La Marea’”, recalcó el ex periodista de ‘Público’. Estos novatos del medio print reviven el modelo de negocio de la cooperativa, que se encontraba un poco obsoleto en este ámbito, y estos emprendedores lo han recuperado además de arriesgar y pervivir con el formato papel. El objetivo que tienen estos profesionales con este proyecto, es defender un medio transparente y democrático ya que reprochan de alguna manera la compatibilidad existente entre algunas empresas de comunicación y el Gobierno. Entre sus fines, destaca compartir y trasladar unos principios básicos y éticos a la sociedad. “Nuestro Consejo Editorial persigue la libertad, la igualdad, la defensa de lo público, una economía justa, laicidad, o los movimientos sociales”, defiende Martínez en el aula de periodismo de la UMH. Cabe destacar que la financiación de este medio no depende de la publicidad sino de las ventas y suscripciones de los socios. Los anuncios publicitarios son también un elemento clave en este periódico, pues no deben condicionar ni los contenidos ni los principios editoriales de ‘La Marea’. En la Asamblea debaten por consenso este tipo de asuntos con el fin de no perturbar los preceptos éticos. Además, tienen “una sección de debate en la propia redacción en la que publicamos estipuladas cuestiones que nos surgen en diversos temas”, añadió Toni Martínez.

Toni Martínez y el profesor de la UMH, José Luís González

Toni Martínez y el profesor de la UMH, José Luís González

El producto de carácter mensual, tiene un precio de 3€ y los suscriptores amigos pueden adquirir 12 números por 50€. Los contenidos informativos se distribuyen tanto en el medio impreso como en el online (www.lamarea.com), habiendo diferencias entre uno y otro, “comparten información pero tienen contenidos diferentes pues el impreso requiere un trabajo de investigación cosa de la que carecen los online”. También se han sumado a adoptar aplicaciones para smartphones.

Aquí tenemos un claro ejemplo de superación y pervivencia de un medio de comunicación impreso, que poco a poco está escalando en el interés de los lectores. El continuo trabajo, la originalidad y la defensa de un periodismo libre, son los componentes vitales de ‘La Marea’.

A contracorriente

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El pasado miércoles 10 de abril el periodista Toni Martínez visitaba las aulas de periodismo insuflando un mensaje de ánimo basado en la experiencia personal ante la delicada situación que atraviesa el periodismo.

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El periodista valenciano durante su intervención

El valenciano, de 37 años es el fundador del periódico La Marea, además de ser también socio y trabajador de la cooperativa Más Público. Sin embargo, ha llegado a la situación actual tras no pocos reveses en el mundo del periodismo y es que hace poco más de un año, concretamente el 24 de febrero de 2012 se quedaba sin trabajo. Mediapubli, la empresa editora de Público, el diario para el que Martínez trabajaba, presentó un Expediente de Regulación de Empleo mediante el cual cerró su edición impresa tras despedir al 84% de la plantilla del diario. Únicamente se salvaron de la quema 26 empleados, los mínimos considerados para el mantenimiento de la web.

Según palabras del periodista, “creíamos que se acababa el mundo”, pero para sorpresa de muchos, el mundo no sólo acababa sino que se expandía, ya que tras el cierre surgieron una gran variedad de pequeños modos de comunicación alternativos, entre ellos: Infolibre, el diario.es, La Marea, Mongolia y Alternativas Económicas. Estos nuevos focos de información aislados de posibles presiones, han aportado más libertad en la opinión, más pureza en el periodismo y sobretodo han inyectado nuevas esperanzas periodísticas demostrando que aun queda hueco para reinventarse si se hace la tenacidad y la imaginación aliados incondicionales.

Hay que cuestionarse, como ya se lleva diciendo desde hace mucho tiempo, determinados aspectos como los modelos de negocio tradicionales y apostar por nuevas formas de los mismos. MásPúblico ha optado por la cooperativa como modelo empresarial, y con una plantilla de diez trabajadores a la que hay que sumarle los usuarios y socios, ha creado un gran producto como el periódico mensual La Marea, que de momento y contra el pronóstico de muchos ha conseguido mantenerse a flote bajo el temporal electrónico. Con una tirada mensual de 25.000 ejemplares y distribución en ciudades principales como la Madrid, Barcelona o Valencia ha conseguido hacerse con 44 puntos de distribución. Esta nueva proeza parece que hará cuestionarse a los defensores más recalcitrantes del fin del papel su postura o al menos matizarla; si bien Internet ha aumentado progresivamente en cuanto a acogida de medios de comunicación se refiere y desde hace tiempo se viene apostando claramente por la red  para el tema publicitario, en la publicación La Marea “nuestros ingresos vienen casi exclusivamente del papel, la web apenas nos da dinero” confiesa Toni Martínez.

Sin embargo, la edición offline apenas se sustenta con publicidad, lo que confiere un amplio margen de maniobra a la plantilla para el tratamiento de determinada temática espinosa como puede ser la defensa de lo público, la igualdad o la vivienda digna, asuntos delicados de plena actualidad, en los que “La Marea es como un guiño”, subraya Martínez.

Este es el único modo de acercarse cada vez más a los ciudadanos y de alejarse de los tentáculos de cualquier grupo empresarial al que le interese mantenerlos bajo control.

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El nombre de esta publicación mensual, que ya va por el cuarto ejemplar, constituye una metáfora de aquellas masas o movimientos sociales que son como una marea humana que lucha por sus derechos de una forma cada vez más comprometida  y constante.

El protagonista de la charla, con casi quince años de profesión a la espalda reflexionados, asevera que en España no existe libertad de prensa, ni un tratamiento adecuado de la información, pues la prensa no suele profundizar en los temas que aborda, ni los analiza ni los amplia, por lo que la información queda como una verdad a medias.

 Esta forma de entender y ejercer el periodismo viene a sintetizar la quintaesencia del mismo. “un periodismo libre de intereses particulares, transparente  y democrático” como definió Toni Martínez.

Que impere la verdad

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Stephen Glass estudió en la Universidad de Pensilvania. Allí, ejerció de director ejecutivo del periódico The Daily Pennsylvanian. Mientras tanto, ganó notoriedad debido a la polémica que surgió entorno al robo de una edición entera del periódico por un grupo de estudiantes molestos. Tras licenciarse, fue contratado por The New Republic; revista liberal estadounidense sobre política y las artes publicada periódicamente desde 1914. En TNR, Stephen Glass, ejerció como asistente de redacción. Pero rápidamente destacó escribiendo artículos para dicha revista con tan sólo 23 años. Mientras fue contratado a tiempo completo para TNR, Glass también escribió ocasionalmente para revistas como Policy Review, George, Rolling Stone y Harper’s.

El film ‘El Precio de la Verdad’

El Precio de la Verdad cuenta como día a día, Stephen Glass, gana reputación como periodista debido a sus increíbles artículos. Pero en 1997, TNR recibe el primer aviso. Joe Galli, del Comité Nacional Republicano y Davide Keene de la Unión Conservadora Americana, enviaron cartas a la revista acusando a Glass de inventarse datos en “Spring Breakdown”, una historia que describía borracheras e inmoralidades en la Conferencia de Acción Política Conservadora de ese mismo año. En ese sentido, y tras recibir, TRN, varias advertencias, Glass fue finalmente descubierto en mayo de 1998. El artículo que precipitó su caída fue “Hack Heaven”. Artículo en el que Stephen Glass narraba los hechos en primera persona implicando su asistencia en los acontecimientos relatados, y los describía de forma casi cinematográfica aumentando su espectacularidad. Los relatos del joven Glass resultaban increíbles. “Hack Heaven” contaba la historia de un hacker de 15 años que había sido presuntamente contratado por una gran compañía, “Jukt Micronics”, para trabajar como consultor de seguridad después de haber entrado en su sistema informático. Pero Adam Penenberg, de Forbes.com, tras leer el artículo realizó sus propias investigaciones llegando a la certeza de que Glass se había inventado las fuentes y los hechos ocurridos. Esta “historieta” resultó ser completamente ficticia. Penenberg gracias a su agudeza y saber hacer, destapó el escándalo que dejó en evidencia el sistema de verificación en los medios tradicionales norteamericanos.

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Imagen de Stephen Glass en la pelicula “El precio de la verdad”

La historia de Stephen Glass y TNR, demuestra que rigor, verificación y buen periodismo no son sinónimos de medios tradicionales, ya que éste no es un caso aislado. The New York Times , descubrió como uno de sus jóvenes figuras era un fraude. “Blair había plagiado, copiado, inventado, exagerado y falsificado muchos de sus artículos, algunos de ellos en portada, a lo largo de los últimos meses. Era una increíble mancha en los 152 años de historia del rotativo neoyorquino.” “Es el mayor escándalo que salpica a la prensa estadounidense desde que en 1981 el Washington Post renunciara a un premio Pulitzer tras descubrir que una de sus periodistas, Janet Cook, había exagerado considerablemente su artículo sobre un niño drogadicto.”

“Ha habido otros episodios más recientes, menos graves pero recurrentes: un fotógrafo del Los Angeles Times retocó una de sus fotos de la guerra en Irak para añadirle dramatismo; dos periodistas del Salt Lake Tribune vendieron datos al tabloide National Enquirer sobre el secuestro de Elizabeth Smart, el gran suceso del pasado verano. Hace unos años,un columnista del The Wall Street Journal, Foster Williams, fue condenado por vender información privilegiada. El New Republic y The Boston Globe también tuvieron en su momento que reconocer públicamente algunos episodios de reportajes fraudulentos.”

Así nos lo cuenta El País.

“Hay que tener el valor de decir la verdad, sobre todo cuando se habla de la verdad.” (Platón)

El sistema de verificación por el que deben pasar las noticias tiene que ser mucho más estrictos, comprobando cada hecho.

La veracidad de los relatos prima por encima de todo lo demás, siendo uno de sus principales objetivos informar a la sociedad y velar por la transparencia del periodismo.

Para conceder a una noticia la máxima calidad informativa: debe ser objetiva y respetuosa con la verdad, sumando la ética profesional de cada uno.

Es de vital importancia contrastar las informaciones, las fuentes…

Esto forma un claro ejemplo de una farsa en una profesión cuya finalidad es que impere la verdad.

El veneno del periodismo

El astuto Stephen Glass (Chicago, 1972) tiene la particularidad de ser conocido por su desdicha más que por sus logros. A mediados de los noventa comenzó a trabajar en el prestigioso semanario de análisis político The New Republic realizando labores de redacción. Su carisma, simpatía y perfil periodístico conquistaron a toda la plantilla de trabajadores, desde la secretaria hasta el director. Glass supo encontrar su hueco y ganarse la confianza de sus compañeros, y una vez superada esta barrera, comenzó a recubrir su cuerpo de lobo con una engañifa piel de cordero. Hasta el punto que infringió de manera reiterada el código deontológico periodístico: hizo uso de la mentira para hacer sus reportajes más atractivos. Pero, ¿sabía realmente el reportero que la mentira es el enemigo a batir en el quehacer periodístico? Sea como fuera, la mentira fue su aliada en 21 de los 47 artículos que publicó en The New Republic desde 1995 hasta 1998.

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La mirada de un fabulador. La mirada de Stephen Glass

Pero Stephen no contaba con la jugada de Forbes.com –medio nativo digital pionero en EE.UU–, especialmente del periodista Adam Penenberg, que investigó de manera exhaustiva el caso y supo sortear las barreras de principiante que Glass  le ponía en el camino. La careta de Glass iba poco a poco cayéndose. Ahora contaba con otro persecutor, su director Chuck Lane, quien iba pisándole los talones para aclarar el asunto e indirectamente para que Forbes no fuera sibilina con The New Republic cuando descubriera el quid de la cuestión. Pero la historia tornaba a su fin. Stephen fue cazado, sus mentiras tenían las patas muy cortas, y fue fulminantemente despedido.

La frustración de Tom por no conseguir atrapar a Jerry no ocurre en ‘El precio de la verdad, película dirigida por Bill Ray, donde Adam Penenberg cazó a Stephen Glass casi sin despeinarse. La investigación llevada a cabo por el experto en tecnología de Forbes, como si se tratase del juego del ratón y el gato, le sirvió para descubrir uno de los escándalos periodísticos más trascendentales en los Estados Unidos, gracias a una revisión milimétrica de todos los argumentos publicados en el artículo ‘Hack Heaven’. En este sentido, internet fue la herramienta clave para destapar la trama y desenmascarar al joven reportero, comprobando la existencia de la convención de piratas informáticos en Las Vegas, del gigante del software Jukt Micronics, así como de un hacker adolescente de trece años.

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‘El precio de la verdad’, bajo la dirección de Bill Ray, se estrenó en 2003

Un suceso bíblico narra que Jesucristo, en una de sus visitas a Jerusalén, encontró el Templo convertido en un auténtico mercado de abastos, donde varios comerciantes vendían bueyes, ovejas y palomas. Jesús, enfurecido, echó a todos de allí con acritud y les dijo: “Quitad esto de aquí. No hagáis de la casa de mi Padre una casa de mercado”. (San Juan 2, 13-16). Extrapolando este hecho al tema analizado, a excepción de las diferencias obvias, sucedió lo mismo: Lane echó a Glass in situ con una mano delante y otra detrás, prácticamente sin nada, solamente dejó llevarse de la redacción sus libros de Derecho. Esta carrera le ha dado una de cal y otra de arena, durante el tiempo de trincheras le evadió de las críticas que recibía, aunque le despertó los fantasmas del pasado cuando en 2003, 2008 y 2009 la Corte Suprema de Los Ángeles le suspendió los controles éticos fundamentales para ejercer la abogacía en Estados Unidos “ante la posibilidad de que pueda mentir sobre pruebas o testimonios”.

Conclusiones críticas:

Honestidad como regla universal. Un periodista debe llevar la honestidad por bandera. En una época donde la actualidad diaria revela casos de corrupción a por doquier y solamente basta con echar una ojeada al mapa para darse cuenta del alcance y magnitud que ha adquirido esta sinvergonzonería. Si algo debe quedar claro es que no vivimos en un mundo en el que todo vale, en él deben coexistir tanto las normas que reglan un territorio como los valores que dignifican a sus ciudadanos. Hay que ser consciente del trasfondo y el alcance que rodea a todo aquello que emitimos porque el talento y el funambulismo caminan parejos.

La credibilidad se consigue día a día. Como ocurre con otros valores como la confianza, cuesta mucho conseguirla y muy poco perderla. Es inevitable para ahuyentar un fantasma que sobrevuela siempre cualquier relación o comunicación, primando los intereses partidistas por encima de otros intereses. Así, no existe una receta infalible para resultar creíble, por ello hemos de trabajar duro y ganarnos a pulso el hueco que nuestro potencial requiere, desprendernos de los rumores y las mentiras, y primando la verdad como indicar en el desarrollo de las tareas periodísticas.

El periodismo no es ficción, es realidad. El cuarto poder se encuentra en un momento de debilidad. Poder, lo que se entiende como poder, no tiene, pero puedo recobrarlo. El hándicap: los terroristas de la palabra que destruyen sin importarle nada más que su propio yo todo aquello que gira alrededor del periodismo. Como los casos de Janet Cooke (artículo “El mundo de Jimmy”) o Jayson Blair (plagió e inventó noticias durante seis meses). Esos se apellidan sinvergüenzas. Son las típicas espinillas que aparecen justamente en el momento más inoportuno, que solamente salen, con perdón de la expresión, para joder, putear, incordiar… Ya está bien. Comencemos a ser leales, que no cuesta tanto.

La policía no es tonta. Esta popular frase se emplea para advertir a alguien que le has pillado cuando intentaba dar gato por liebre. Stephen Glass no contaba con el enunciado. El periodista de Forbes, reprendido por su jefe al conocer la existencia del ‘exclusivo’ artículo de The New Republic, se puso manos a la obra, cual agente policial, para encontrar sentido al estrepitoso evento. El tiki-taka de Glass y Penenberg, al estilo centra Messi y remata Cristiano Ronaldo, se saldó con el aplauso al especialista en tecnología y con el desierto profesional del chicagüense.

Quien tiene una fuente, tiene la noticia. Tanto la teoría como la práctica corroboran que un periodista sin fuentes de información no es nadie. La relación entre informador e informante es necesaria, dependiente y separada por el lugar que ocupa cada uno en la escala informativa. En este sentido, Albert Montagut sostiene que “el gran reto del periodista es que siga marcando la jerarquía editorial”, de esta manera se garantiza la viabilidad del oficio. No obstante, el reportero debe actuar como filtro de la información porque la responsabilidad periodística siempre ha de primar, porque es indiscutible la gran influencia que realiza en la formación de la opinión pública e incluso a la hora de tomar decisiones políticas.